Más allá de la mente

Febrero 18 de 2026, Sandra Hoyos M.D.

Por Sandra Hoyos M.D. – Febrero 18 de 2026

Cuando escuchas la palabra “estrés”, ¿qué imagen te viene a la cabeza? Probablemente pienses en fechas de entrega en el trabajo, problemas financieros, tráfico o discusiones familiares.

Estamos acostumbrados a ver el estrés únicamente como una carga emocional o psicológica. Sin embargo, para tu cuerpo, el estrés es algo mucho más simple y a la vez más complejo: es cualquier amenaza a su equilibrio (homeostasis).

Tu cerebro no distingue si la amenaza es una discusión con tu jefe, una hormona que no se ha podido eliminar o una infección oculta. Para tu sistema nervioso, todo esto enciende la misma alarma. Hoy quiero invitarte a ver el estrés desde una perspectiva integral: la física. la química y la biológica.


 1.    El Estrés Físico: Los extremos se tocan

El cuerpo humano está diseñado para el movimiento, pero también para la recuperación. El estrés físico ocurre cuando violamos estos principios biológicos, y generalmente sucede en dos extremos opuestos:

El Sedentarismo (La falta de estímulo)

No moverse es estresante para el cuerpo. Evolutivamente, la inmovilidad prolongada señalaba enfermedad o lesión.

  • El impacto: El sedentarismo reduce la circulación linfática (nuestro sistema de drenaje), atrofia la musculatura y altera la sensibilidad a la insulina.
  • El resultado: El cuerpo entra en un estado de “ahorro de energía” e inflamación sistémica, interpretando la inactividad como una falla biológica.
 
El Sobreentrenamiento (El exceso de estímulo)
En el otro extremo, creer que “más es mejor” es un error común. Entrenar intensamente sin el descanso adecuado mantiene el cortisol (hormona del estrés) crónicamente elevado.
  • El impacto: Se generan microtraumatismos que no alcanzan a repararse, desbalances hormonales y fatiga adrenal.
  • El resultado: Lejos de ganar salud, el cuerpo empieza a “romperse”, generando lesiones y desbalances fisiológicos que, con el tiempo, abren la puerta a enfermedades degenerativas.

 

2.    El Estrés Químico: La carga invisible

Este es quizás el tipo de estrés mas ignorado, porque a menudo no lo “sentimos” hasta que el vaso se desborda. Se trata de la carga bioquímica que nuestro cuerpo debe gestionar día a día, y viene de dos fuentes:

Toxinas Exógenas (Lo que viene de fuera)

Vivimos en un mundo cargado de compuestos químicos. Pesticidas en alimentos, metales pesados en el agua, plásticos (disruptores endocrinos), contaminación del aire y productos de limpieza. Cada molécula extraña que entra en tu sistema es un estresor que requiere energía y nutrientes para ser neutralizada y expulzada.

Toxinas Endógenas (Lo que se produce dentro y no sale)

A veces, el enemigo se genera en casa. Tu cuerpo produce desechos metabólicos naturales, pero el problema surge cuando no logramos eliminarlos. Un ejemplo crítico es el metabolismo de las hormonas.

Hormonas como el estrógeno o el cortisol, una vez que cumplen su función, deben ser desactivadas por el hígado y eliminadas por el intestino o los riñones.

  • El problema: Si tus vías de desintoxicación están lentas o saturadas, estas hormonas no se eliminan. Se rompen parcialmente en metabolitos intermedios que pueden ser mucho más reactivos y tóxicos que la hormona original.
  • El resultado: Estos metabolitos recirculan en la sangre, generando una carga tóxica interna que mantiene al cuerpo en estado de alerta e inflamación constante.

 

3.    El Enemigo Silencioso: Las Infecciones Crónicas

Aquí quiero hacer un énfasis especial, porque es una de las causas más frecuentes de “estrés inexplicable” y fatiga persistente.

Cuando hablamos de infecciones, solemos pensar en una gripe aguda que dura una semana. Sin embargo, las infecciones crónicas operan de manera diferente. Son patógenos (bacterias, virus, parásitos u hongos) que logran evadir la eliminación total y permanecen en el cuerpo a largo plazo.

Ejemplos comunes ingluyen:

  • Disbiosis intestinal y SIBO: Desequilibrios persistentes en la flora bacteriana.
  • Candidiasis: Crecimiento excesivo de hongos en mucosas.
  • Infecciones virales latentes: Como el virus de Epstein-Varr que puede reactivarse.
  • Focos dentales: Infecciones asintomáticas en la boca que filtran bacterias al torrente sanguíneo.
 
¿Por qué es esto estrés?

 

Porque tu sistema inmunológico no descansa. Consume una cantidad inmensa de energía y recursos (nutrientes) para mantener a raya a estos intrusos. Esta guerra silenciosa libera citoquinas inflamatorias constantemente. Tu cerebro recibe el mensaje químico de “estamos bajo ataque” y activa la respuesta de estrés (eje HPA), aunque tú estés tranquilamente sentado en tu sofá.

Conclusión: El vaso se llena

Imagina que tu capacidad para manejar el estrés es un vaso.

  • El trabajo llena u poco el vaso.
  • El sedentarismo lo llena otro poco.
  • Los metabolitos hormonales que no pudiste eliminar añaden líquido.
  • Y esa infección crónica intestinal está goteando constantemente dentro.

Cuando el vaso se desborda, aparecen los síntomas: ansiedad, insomnio, autoinmunidad, fatiga o problemas hormonales. No fue “una sola cosa”; fue la carga alostática total (la suma de todos los estresores).

Para sanar de verdad, debemos ampliar nuestra visión del estrés y abordar no solo la calma mental, sino también la limpieza química y el equilibrio biológico.


Referencias Bibliográficas

 

  1. McEwen, B. S. (1998). Stress, Adaptation, and Disease: Allostasis and Allostatic Load. Annals of the New York Times Academy of Sciences. (Establece la base de cómo la carga acumulada de estrés afecta la fisiología).
  2. Genuis, S. J. (2010). Elimination of Persistent Toxicants from the Human Body. Human & Experimental Toxicology. (Sobre la carga tóxica exógena y la necesidad de mecanismos de eliminación).
  3. Hodges, R. E., & Minich, D. M. (2015). Modulation of Metabolic Detoxification Pathways Using Foods and Food-Derived Components. Journal of Nutrition and Metabolism. (Explica la importancia de la biotransformación de toxinas y hormonas en el hígado).
  4. Hackney, A. C. (2006). Stress and the neuroendocrine system: the role of exercise as a stressor and modifier of stress. Expert Review of Endocrinology & Metabolism. (Analiza el ejercicio como estresor físico y el sobreentrenamiento).
  5. Dantzer, R., et al. (2008). From inflammation to sickness and depression: when the immune system subjugates the brain. Nature Reviews Neuroscience. (Vincula las infecciones crónicas y la inflamación con la respuesta de estrés y síntomas psiquiátricos).

Sandra Hoyos Md. 

Sandra Hoyos Lopez - Doctoralia.co

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