La palabra “estrés” casi siempre viene cargada de negatividad, ¿verdad? Yo misma la percibía así, como un enemigo a evitar, hasta que profundicé en la medicina funcional. Fue entonces cuando conceptos como los “estresores horméticos” y una frase de un profesor que se me quedó grabada —”el estrés es la sal de la vida” 🧂— transformaron por completo mi perspectiva.
Al principio, la frase me parecía un enigma. ¿Cómo podía ser bueno algo que se sentía tan agotador? Poco a poco, al desglosar esta idea, comprendí la profunda sabiduría que escondía.
El “Estrés Bueno”: La Sal que da Sabor a la Vida
No todo el estrés es perjudicial. De hecho, ciertos tipos de estrés agudo son absolutamente necesarios para nuestra supervivencia y fortalecimiento. Pensemos en ello:
El Lado Oscuro: Cuando la Sal se Vuelve Veneno
El problema real no es el estrés en sí, sino su cronicidad. El meollo del asunto es cuando sometemos al cuerpo a estos mecanismos de alerta de forma constante y sostenida, día tras día, y además lo combinamos con pobres hábitos de vida como el sedentarismo, una mala alimentación y una alta exposición a toxinas.
De la mano con estos diagnósticos, han surgido suplementos y enfoques terapéuticos mas fisiológicos, que buscan restablecer las funciones naturales del cuerpo en lugar de simplemente enmascarar los síntomas con un parche.
La Cascada Hormonal del Estrés Crónico
Para entender el daño, hablemos del cortisol, popularmente conocida como la hormona del estrés. En condiciones normales, el cortisol sigue un ritmo biológico maravilloso: tiene un pico a la media hora de despertar para darnos energía y otro más pequeño sobre las 4 de la tarde.
Cuando el estrés se vuelve crónico, el cuerpo entra en modo de supervivencia y prioriza la producción de cortisol por encima de todo. ¿El problema? Tanto el cortisol como nuestras hormonas sexuales (testosterona, estrógeno, progesterona) se fabrican a partir de la misma materia prima: el colesterol.
Imagina que es una fábrica con recursos limitados. Si toda la producción se desvía a fabricar cortisol para apagar incendios, la línea de producción de hormonas sexuales se detiene. Esto puede llevar a desequilibrios hormonales, problemas de fertilidad, ciclos menstruales irregulares y baja libido.
El Efecto Dominó: ¿Cómo se Agota tu Cuerpo?
En estas etapas de estrés avanzado, el organismo simplemente se agota. Para ahorrar energía y mantener las funciones vitales, empieza a “apagar” otros sistemas que considera menos prioritarios para la supervivencia inmediata, como una digestión eficiente o una respuesta inmunológica robusta. Es aquí donde aparecen los síntomas crónicos que tanto afectan nuestra calidad de vida. Afortunadamente, hoy existen diferentes tipos de pruebas que nos ayudan a diagnosticar en qué estado se encuentra una persona, así como terapias y suplementos que dan soporte en cada una de estas etapas.
Hormesis: Usando el Estrés a Nuestro Favor
Y aquí volvemos a la idea de “la sal de la vida”. Si el estrés crónico nos debilita, ¿podemos usar el estrés agudo de forma intencional para fortalecernos? La respuesta es sí, y se llama Hormesis. Un estresor hormético es un estímulo estresante, leve y controlado, que provoca una respuesta adaptativa beneficiosa en el cuerpo. En lugar de dañarnos, nos hace más fuertes. Algunos ejemplos son:
Te invito a hacer una pausa y reflexionar: ¿Qué pequeño pero significativo cambio puedes empezar hoy a implementar en tu estilo de vida? Cuidar de tu intestino no es una tarea más en tu lista de pendientes; es el acto de amor propio más profundo que puedes hacer por tu salud general. Tu cuerpo te lo agradecerá.
Sandra Hoyos Md.